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¿Qué es Delicias?
Originalmente, fue la primera novela (1990) publicada por Jorge Partidas Alzuru (www.jorgepartidas.com) que se ambienta en una isla producto de la imaginación, ubicada frente a la península de Yucatán de México. Delicias, la isla imaginaria, la colonizó un joven sacerdote de madre española y padre árabe en el año de 1543. Se llamaba Diego Calero, uno de los personajes principales de “Los Orígenes”, el Primer Libro de la novela “Delicias” (la novela consta de cuatro libros). Hoy en día es la casa de habitación del escritor en Chirimena, Venezuela, muy cerca de Caracas, donde procura recrear dentro de lo que es físicamente posible, la idea de lo que fue la Delicias de su imaginación, y donde también ha abierto un espacio, en cierta forma un complemento de Las Casas del Gobernador (www.chirimena.com) para que amigos vengan a compartir.
En la Delicias real, en la de Chirimena de hoy, un pequeño rincón de nuestra maravillosa Venezuela, los huéspedes que aún no han leído la novela, preguntan de dónde viene el nombre de “Delicias. La respuesta la contempla el libro en su páginas 327 y 328, en un diálogo que tiene lugar a finales de los años ochenta del siglo XX , en Caracas entre dos personajes (Maritza León, venezolana, y Carlos Morriston, deliciano) .
“……
—Existen dos versiones —continuó Morriston. —Uno le atribuye el nombre a Rodríguez de Albuernéz, el piloto de La Natividad, el buque que representa casi un símbolo sagrado en Delicias. El piloto no hacía más que alabar la belleza y los encantos de la isla y en especial la bahía de Las Casas.
—¡Es una delicia! —repetía una y otra vez, incansablemente, hasta que quedó como la expresión más gráfica de nuestro país. La otra se le atribuye por vía indirecta a Gonzalo de Berceo, un poeta castellano muy antiguo, de principios del milenio, pero popular aún en el medioevo y en el Renacimiento. En sus poemas hablaba de la Locus Amoemus, la “Pradera Mística” donde todo era hermoso y placentero, desde sus árboles, flores y frutas, hasta las fuentes cristalinas y los cantos de pájaros. Nuestros primeros antepasados creían que la isla era el paraíso al cual se refería el poeta.
—¿Llamaba a la pradera Delicias? —interrumpió Maritza.
—No está muy claro. El poeta hablaba, al parecer, de la ‘delicia’ de vivir en la pradera mística y nuestros antepasados referían a la isla como la pradera mística de Berceo. El regente Calero remató su descripción de la isla en su primera carta al Vaticano transcribiendo una estrofa de un poema de Berceo. Los niños la aprenden casi en su primer día de escuela. Forma parte de nuestro Himno Nacional.
—Tienes inconveniente en repetirla? —le pidió Maritza.
—De ningún modo, —replicó Morriston. —Es, por el contrario, un honor:
Daban olor muy fino a las flores bien olientes,
refrescaban al hombre las caras y las mientes
cada esquina manaba fuentes claras, corrientes,
en verano bien frías, en invierno calientes. Maritza estaba absorta por el relato. Nunca asoció a Delicias con la placidez y belleza que tan emocionalmente le hablaba su invitado. Por el contrario, Delicias era un tema prohibido en su familia. Conocía algo del conflicto entre su abuelo y su hermano Moisés, que aún vivía, y que con el tiempo llegó a ser el rabino principal de la isla. También la asociaba al desprecio que fue objeto su padre por parte de la comunidad judía cuando viajó a la isla para para visitar a su tía Sara y, de paso, establecer infructuosamente un puente entre su abuelo y su tío abuelo.
….”
Quienes continúan interesados en Delicias, la novela, preguntan más. Quieren también saber cómo se originó el nombre de “Las Casas”, la capital del país “Delicias” en la isla imaginaria.
En cuanto al nombre de “Las Casas”, la capital, la respuesta la da Morriston a continuación del diálogo anterior:
“…..
—El origen del nombre de la capital, Las Casas, seguramente lo sabe mejor que yo, —concluyó Morriston.
—Es lo único —confesó Maritza.
El nombre de la capital, Las Casas, lo adoptó la comunidad deliciana por una sugerencia para toda la América del propio libertador Simón Bolívar contenida en la profética carta de Jamaica del 6 de septiembre de 1815. Cuando la ciudad cumplió trescientos años de fundada, en 1845, se tomó al padre de Las Casas como epónimo.
Se quiso con ello hacer justicia al apóstol de las Indias por su entrega a favor de los aborígenes y porque había sido el inspirador de la acción libertadora del regente Calero en su gloriosa epopeya. Las Casas sustituyó el nombre de la Santa Villa del Sabicú, nombre de la ciudad que el propio regente Calero, el fundador, tomó de un árbol de flores blancas que abundaba en la región. ‘Los estados del istmo de Panamá hasta Guatemala formarán quizás una asociación. Esta magnífica posición entre los dos grandes mares, podrá ser con el tiempo el emporio del universo, sus canales acortarán las distancias del mundo: estrecharán los lazos comerciales de Europa, América y Asia; traerán a tan feliz región los tributos de las cuatro partes del globo. ¡Acaso sólo allí podrá fijarse algún día la capital de la Tierra! como pretendió Constantino que fuese Bizancio la del antiguo hemisferio. La Nueva Granada se unirá con Venezuela, si llegan a convenirse en formar una república central, cuya capital sea Maracaibo, o una nueva ciudad que, con el nombre de Las Casas, en honor a este héroe de la filantropía, se funde…..Simón Bolívar’, rezaba la placa en uno de los costados del pedestal de la estatua del padre de Las Casas ubicada en la plaza mayor de la ciudad que llevaba su nombre.
—Hemos oído mucho de Calero —dijo Maritza orgullosa de la influencia bolivariana en la isla.
….”
En esa Delicias de Chirimena y de nuestros días, también se oye hablar mucho de Diego Calero. En su honor, nuestro primer salón de convenciones lleva su nombre, el Salón Diego Calero.
Pronto seguiremos honrando a otros personajes de la novela.
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