Sinopsis

La novela “Delicias” es una saga histórica, donde se conjuga la ficción y hechos históricos. ¿Qué la inspiró? La búsqueda a una respuesta que se formuló el autor: ¿Cómo sería un país de América originalmente colonizado por los españoles con una cultura tradicionalmente católica que luego, algunos años o siglos después, reciba y se incorpore a él una cultura de una religión diferente, la protestante, por ejemplo?
En la novela se da esa fusión de culturas (la tradicional católica que viene desde la colonia y la protestante de avanzada que proviene de del sur de los Estados Unidos, desplazados en 1863 como consecuencia de la guerra de secesión). De esa síntesis nace un producto que ciento veinte años después se refleja en nuestro país, en Venezuela, a finales de la década de los ochenta del siglo veinte.  Esa es la explicación por el cual la novela Delicias contiene cuatro libros en uno. Se trata de cuatro épocas diferentes, con motivaciones y personas diferentes, unidos todos por la isla Delicias.
El primer Libro, Los Orígenes, lo inspira el ideal (“El ideal es un anticipo del orden por el espíritu, la esperanza indestructible de lo mejor, una protesta involuntaria contra lo presente, el fermento de lo porvenir, es lo sobrenatural de nosotros mismos o, mejor, lo ultra-animal, la razón y la perfectibilidad humana”…Amiel). Se trata de la conquista, empezando desde España y el Vaticano de 1543, pero es una conquista que logra establecer los principios indoblegables de libertad y protección hacia el indígena, por las que tanto batalló el padre de Las Casas y que en parte se recogen en su Brevísima Relación de la Destruyción de las Indias.  Delicias alcanza muy rápidamente su independencia de España y en su Constitución se consagró en aquellos inicios, entre otros, principio de defensa de los derechos humanos que amparaban sin cuestionamiento, inclusive ipso facto, con toda la protección de la ciudadanía deliciana y, por supuesto, la libertad, al perseguido y fugitivo…
‘….de cualquier país, raza, credo u origen perseguido por causas políticas, raciales o religiosas, que llegue a las costas de la isla, cualquiera que fuese el medio utilizado.
Por esa razón, porque cualquier perseguido por las motivos señalados era inmediatamente libre, acogido y protegido en Delicias, surge el Segundo Libro: La Búsqueda (‘Few things are imposible to diligence and skill, ‘Pocas cosas son imposibles a la presteza y a la destreza’, Jhonson). La isla dará acogida y amparo por ese principio arraigado en la conciencia deliciana, y en su Constitución, a un importante grupo de exiliados blancos sureños, --banqueros, profesionales, granjeros, estancieros y familias enteras, todos esclavistas—, que huían de la guerra y de las fuerzas de la Unión que buscaban la abolición de la esclavitud. Esos sureños eran perseguidos, cierto, pero también esclavista y batallaban a la Unión norteamericana para mantener la esclavitud. No obstante, se les dio plena acogida y protección en Delicias y, quien los recibe cálidamente, y por esos giros de la vida es, paradójicamente, un regente de raza negra.
 Con el tiempo, ambas culturas, la católica tradicional y la protestante, industriosos y mercantilistas, se funden y de allí emerge un producto, una nueva sociedad y un nuevo pensamiento, que el autor refleja, por comparación, en la Venezuela de 1990 en el Libro Tercero: La Isla (Cada uno de nosotros es más rico de lo que se imagina; sin embargo, se nos amaestre en el arte de pedir prestado y mendigar. Nos enseñan a servirnos de los otros más que de nosotros mismos’ de Montaigne)
La metáfora contribuye, a juicio del autor, a poner al descubierto las agudas y repetitivas contradicciones en la que incurren los países de la América colonizados por España o Portugal, quizás porque sólo fueron alimentado por una sola cultura, en sus incoherentes procesos internos de desarrollo, capitaneados siempre por Mesías políticos que, en esos países, brotan como hongos. Esa realidad se procura reflejar en el Libro Cuarto: El Encuentro (‘Si hicieras alguna obra virtuosas con trabajo, el trabajo pasa y la virtud persevera; más si hicieras alguna cosa torpe con deleite, el deleite pasa y la torpeza permanece’ Aulo Gelio, filólogo latino).
Por este motivo, la novela se remata, a manera de Epílogo, con el hermosísimo y emblemático poema “En Paz” del poeta mexicano Amado Nervo. En sus pocas líneas, se recoge el contenido de bibliotecas enteras, y la enseñanza de los siglos. El lector juzgará si la vida republica de Venezuela de los años subsiguientes, especialmente a partir de 1990, se le ha dado la razón al autor:

Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni penas inmerecidas.

Porque veo al final de mi rudo camino,
que yo fui el arquitecto de m i propio destino;
que si extraje las mieles o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas.
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.

….Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno,
¡más tu no me dijiste que mayo fuese eterno!

Hallé sin duda largas las noches de mis penas;
más no me prometiste tú sólo noches buenas,
y, en cambio, tuve algunas santamente serenas…

Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes!
¡Vida, estamos en paz!

(Más información de otras novelas del autor en www.jorgepartidas.com)

 

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